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¿Y si volver empieza al marcharse? Un estudio propone repensar las políticas para la juventud rural más allá de la dicotomía entre quedarse o marcharse

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Desarrollo Rural

01 de julio de 2026 Fuente: Journal of Rural Studies

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La pérdida de población joven sigue siendo uno de los grandes desafíos del medio rural. Sin embargo, una investigación realizada en Navarra concluye que comprender cómo se mueven, regresan o permanecen los jóvenes puede ayudar a diseñar políticas más eficaces para afrontar el reto demográfico y fortalecer la cohesión territorial.

La pérdida de población joven continúa siendo uno de los principales desafíos para la sostenibilidad social y económica del medio rural. Tradicionalmente, buena parte de las políticas destinadas a combatir la despoblación han puesto el foco en evitar la salida de los jóvenes hacia las ciudades. Sin embargo, una nueva investigación plantea que este enfoque resulta insuficiente para comprender unas trayectorias vitales cada vez más complejas.

El estudio, publicado en Journal of Rural Studies bajo el título "Now I'm here". Youth transitions, mobilities and uncertainties in rural peripheries, analiza cómo los jóvenes de una comarca periurbana de Navarra afrontan la transición hacia la vida adulta en un contexto marcado por la incertidumbre económica, la precariedad laboral y las dificultades para acceder a la formación, el empleo o la vivienda.

A partir de cuatro años de trabajo de campo, los investigadores realizaron entrevistas en profundidad a expertos, informantes clave y jóvenes con perfiles diversos para analizar cómo la movilidad —y también la permanencia— influye en sus decisiones de vida y en el futuro de los territorios rurales.

La movilidad forma parte de las trayectorias juveniles

Uno de los principales hallazgos del estudio es que la movilidad no puede interpretarse únicamente como un indicador de abandono del medio rural. Para muchos jóvenes, desplazarse para estudiar, trabajar o adquirir experiencia profesional constituye una etapa más de su trayectoria personal, sin que ello implique necesariamente romper los vínculos con su lugar de origen.

De hecho, los investigadores muestran que marcharse puede convertirse en una estrategia para regresar en mejores condiciones o para consolidar un proyecto de vida en el propio territorio. Del mismo modo, permanecer tampoco garantiza un arraigo definitivo, ya que algunos jóvenes retrasan su salida por motivos económicos, familiares o laborales antes de emprender una migración posterior.

En otras palabras, las decisiones sobre quedarse, marcharse o regresar dependen del momento vital de cada persona y responden a procesos mucho más dinámicos que una elección definitiva entre dos opciones opuestas.

Un contexto de creciente incertidumbre

El trabajo también pone de relieve que las generaciones jóvenes desarrollan estas estrategias en un escenario especialmente complejo. La crisis económica iniciada en 2008, los recortes en servicios públicos, la racionalización de recursos en muchas zonas rurales y, posteriormente, el impacto de la pandemia han incrementado la incertidumbre que acompaña a la transición hacia la vida adulta.

Como consecuencia, el acceso al empleo estable, la emancipación o la posibilidad de desarrollar un proyecto profesional en el medio rural se han vuelto procesos más largos, discontinuos y condicionados por la necesidad de desplazarse entre distintos espacios rurales y urbanos.

Los autores describen estas trayectorias como formas de hibridación rural-urbana, en las que la movilidad cotidiana o temporal deja de ser una excepción para convertirse en un elemento estructural de la vida de muchos jóvenes.

Repensar las políticas de juventud rural

A partir de estos resultados, la investigación plantea ampliar el marco desde el que se diseñan las políticas dirigidas a la juventud rural. Más que centrar el debate exclusivamente en retener población, los autores proponen incorporar una visión que tenga en cuenta las trayectorias de vida de los jóvenes, sus distintas etapas biográficas y la diversidad de estrategias que desarrollan para construir su futuro.

El estudio señala que las políticas ya reconocen, en cierta medida, la importancia de la movilidad, pero consideran que todavía no se ha integrado plenamente como un elemento transversal para comprender las oportunidades y dificultades de la juventud rural. Esta limitación impide captar las múltiples relaciones existentes entre movilidad, arraigo, retorno y desarrollo territorial.

El arraigo también puede construirse en movimiento

Uno de los mensajes centrales de la investigación es que el arraigo no debe entenderse únicamente como la permanencia física en un mismo lugar. En un contexto marcado por la creciente movilidad y por unas culturas juveniles cada vez más conectadas, muchos jóvenes mantienen fuertes vínculos familiares, sociales y afectivos con sus pueblos mientras estudian, trabajan o residen temporalmente en otros lugares.

Desde esta perspectiva, la movilidad deja de ser necesariamente el reverso del arraigo y pasa a formar parte de las estrategias mediante las cuales los jóvenes construyen sus proyectos de vida.

Los investigadores concluyen que reconocer esta realidad puede contribuir a diseñar políticas más ajustadas a las necesidades actuales de la juventud rural. Comprender cuándo, por qué y en qué condiciones los jóvenes se desplazan, permanecen o regresan permitiría aprovechar mejor su potencial para reforzar la cohesión social y el futuro de unos territorios que afrontan importantes desafíos demográficos.

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