Gabriel Trenzado, director general de Cooperativas Agro-alimentarias de España: «30 años de REDR: Europeísmo y objetivos compartidos»
Contenido principal
22 de enero de 2026 Fuente: REDR
Es necesario comprender que cualquier estrategia o política pública orientada al desarrollo de las zonas rurales debe poner a las personas y su entorno en el centro, sin olvidar que la competitividad y la productividad seguirán siendo factores de desarrollo ineludibles.
🖊️ Artículo de opinión de Gabriel Trenzado, director general de Cooperativas Agro-alimentarias de España.
Los treinta años de trayectoria de la Red Española de Desarrollo Rural (REDR) no pueden entenderse sin tener conciencia de lo que ha significado el desarrollo de las políticas europeas, especialmente la PAC, en la transformación del sector agroalimentario y del medio rural en España. La construcción europea ha sido, sin duda, el marco que ha permitido articular estrategias de progreso económico, cohesión territorial y sostenibilidad social y medioambiental en nuestros pueblos.
En este recorrido, las cooperativas agroalimentarias han sido un actor esencial. Como empresas de agricultores y ganaderos profundamente enraizadas en el territorio, comparten los principios que articulan la filosofía del desarrollo rural: cooperación entre personas, sostenibilidad integral y búsqueda de la rentabilidad y la estabilidad económica para las explotaciones de sus socias y socios. Desarrollo rural y cooperativismo son conceptos íntimamente vinculados.
El cooperativismo agroalimentario representa económicamente cerca del 70% de la producción final agraria y del 30% de la industria agroalimentaria en España. Conviene recordar que producción, industria y comercio suponen actualmente cerca del 14% del PIB nacional, primer sector manufacturero, y el que más aporta a la balanza comercial desde 2008, con cifras positivas que oscilan entre 18.000 y 20.000 M€ anuales, los que nos convierte en el 7º país exportador mundial de productos agroalimentarios.
Estos datos evidencian que la principal actividad económica productiva que se desarrolla en las zonas rurales es insustituible, asegura la producción y abastecimiento de alimentos seguros y de calidad y en cualquier momento y circunstancia, como se demostró durante la COVID. La cadena agroalimentaria nace en las zonas rurales y termina en la mesa del consumidor en las zonas urbanas, por tanto, el equilibrio y desarrollo de estas últimas está íntimamente vinculada al buen desarrollo y sostenibilidad de nuestra ruralidad. Entorno a esta idea se ha desarrollado la PAC en los últimos 50 años con políticas de mercado, de inversión y de dinamización de las zonas rurales.
La evolución en los últimos 30 años debe entenderse entorno a estas políticas europeas de incalculable valor multiplicador, pero también al incesante éxodo rural de los últimos 70 años y a la reestructuración del sector productivo ante un entorno más abierto y competitivo.
Hoy los retos van aún más allá del impacto del mercado y de la rentabilidad agrícola y ganadera, nos encontramos en lo que muchos califican como un cambio de época. y van más allá. La falta de relevo generacional, el impacto de los efectos del cambio climático y el acceso al agua, la falta de mano de obra y la necesidad de avanzar en la innovación ya no son desafíos colaterales al sector económico, sino que se han convertido en verdaderas palancas de competitividad y desarrollo para el futuro.
Es necesario comprender que cualquier estrategia o política pública orientada al desarrollo de las zonas rurales debe poner a las personas y su entorno en el centro, sin olvidar que la competitividad y la productividad seguirán siendo factores de desarrollo ineludibles.
El cooperativismo agroalimentario ha identificado en su plan estratégico 2025-2028 5 ejes de actuación: económico, social, medioambiental, innovación-digitalización y comunicación a la sociedad.
A nivel económico el cooperativismo tiene que seguir impulsando empresas cooperativas dimensionadas para asegurar la base de cualquier explotación, la rentabilidad, y hacer partícipe a todos los productores, no eliminándolos. Este factor es la puerta a la inversión, los servicios profesionalizados y el aprovechamiento de otras alternativas económicas que generen una cadena de valor con valor. Se trata de generar elementos que nos lleven a la rentabilidad presente y futura.
Precisamente por la necesidad de prever el futuro tenemos que prestar atención al eje social, el relevo generacional. Sin personas no hay cooperativas, pero tampoco hay medio rural. Debemos atraer al joven, al nuevo productor, al talento, a trabajadores cualificados y dar un papel más decisivo a la mujer rural. Las personas y su calidad de vida en el territorio serán clave para mejorar la percepción social de la actividad agrícola y ganadera y poder mirar al futuro con optimismo.
El tercer eje, la sostenibilidad medioambiental, implicará generar más conocimiento y comunicación a la sociedad. El sector agroalimentario es el primero que sufre los efectos del cambio climático y, en España, la escasez de agua. La sociedad debe saber que las cooperativas ya trabajan para adaptarse al cambio climático y cumplir de la mejor manera posible con la sostenibilidad medioambiental, sin perder de vista que producimos un bien básico para la sociedad, alimentos. La gestión del medioambiente también abre oportunidades económicas en la bioeconomía y las energías renovables.
La digitalización y la innovación son herramientas fundamentales para abordar la adaptación al cambio climático y tener una mejor relación en la gestión de los suelos y el clima. Pero esta no se puede convertir en otro coste más. Las cooperativas trabajamos para que sus productores se beneficien de la innovación y el intercambio de conocimiento sabiendo que los datos serán un valor del cual van a participar, bien porque podrán beneficiarse de su comercialización o por las posibilidades que ofrece para mejorar la eficiencia productiva.
Por último, la comunicación interna y externa. El cooperativismo es una fórmula de éxito, cubre todos los aspectos de la sostenibilidad, sin olvidar el mercado y atiende a su entorno porque se preocupa de las personas. Lamentablemente, el cooperativismo es más reconocido que conocido, y debemos actualizar su imagen ante nuestros socios, la sociedad y las instituciones, porque son instrumentos económicos fundamentales y anclas para desarrollar y estructurar las zonas rurales.
No existe alternativa más sólida que el cooperativismo agroalimentario para abordar el desarrollo rural con éxito. Por ello, el diálogo y la colaboración entre la REDR y las cooperativas agroalimentarias, cada uno desde su misión y experiencia, representan un enorme potencial transformador para el futuro de nuestros territorios.
Treinta años después, la REDR demuestra que el europeísmo, la cooperación y los objetivos compartidos continúan siendo la mejor garantía para avanzar hacia un medio rural vivo, competitivo, sostenible y lleno de oportunidades.
* Este artículo forma parte de una serie de publicaciones en las que responsables de diferentes instituciones, entidades, empresas privadas... elaboran un artículo de opinión en el que valoran estos últimos 30 años de la Red Española de Desarrollo Rural (REDR). Cada semana, publicaremos un nuevo artículo. Puedes consultar aquí todos los artículos publicados.
Fin del contenido principal