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«Analizando el medio rural y la despoblación»: REDR plantea la necesidad de que este problema sea abordado como una cuestión de Estado y se sitúe en el centro de las políticas públicas

21/06/2019 Área: Noticias sobre la REDR Fuente: REDR

  • En este artículo, REDR analiza el problema de la despoblación en clave positiva, tomando como referencia las acciones emprendidas por la Red Española de Desarrollo Rural a través del proyecto RedPoblar. No obstante, plantea la necesidad de que este problema sea abordado como una cuestión de Estado y se sitúe en el centro de las políticas públicas, unas políticas que deben ser multinivel, transversales, multisectoriales e integrales.
  • Descarga aquí el estudio 'RedPoblar: analizando el medio rural en clave positiva' elaborado por REDR (también disponible en su versión en inglés).
  • LEER MÁS: La presidenta (e.f.) del Consejo Económico y Social reclamado una perspectiva amplia para relacionar la actividad económica y las condiciones sociales del mundo rural con la situación económica general.

Artículo publicado en el Anuario UPA 2019. Descárgalo aquí.

La delicada situación en la que se encuentra el medio rural por culpa de la despoblación está ocupando un mayor espacio en el diseño de las políticas rurales del futuro, en especial por tratarse de una problemática que afecta de forma dramática a los territorios rurales de España y del resto de la UE. Sin embargo, esto no es suficiente, ya que debe ocupar un lugar permanente en la agenda política.

Desde REDR consideramos que, para mitigar la despoblación (que no acabar con ella, porque es imposible erradicar una tendencia social tan pronunciada y extendida en el tiempo), es necesario diseñar y aplicar una política multinivel, holística, transversal e integral y una aplicación multisectorial-multinivel.

Defendemos que no podemos perder el impulso actual, y seguimos insistiendo en que la despoblación rural en España debe ser considerada de forma permanente como un problema de Estado. Ello debe conducir a que se encuentren soluciones pertinentes para que esta amenaza no termine por acabar con el tejido socioeconómico del medio rural.

Debemos tener en cuenta que las políticas de desarrollo rural y las políticas demográficas han de ir de la mano, pero no se puede cargar únicamente al medio rural con la responsabilidad de frenar la despoblación. Mientras que las políticas de desarrollo rural deben ir encaminadas a garantizar el acceso a los servicios y mejorar la calidad de vida en las zonas rurales, las demográficas deben intentar equilibrar el poblamiento de los diferentes territorios, alentando o frenando el asentamiento de las personas.

Cuando se comenta que las políticas de desarrollo rural no han sido efectivas contra la despoblación en las zonas rurales, que han tenido un efecto espolvoreo, que no se han traducido en resultados positivos en la sociedad rural..., tal vez no se haya tenido en cuenta la dificultad y el doble reto de articular de forma homogénea la aplicación de las políticas demográficas y de desarrollo rural, muy complejas debido a su dificultad estructural.

Quizá esta falta de resultados tangibles se deba a intervenciones no adecuadas a la pluralidad de territorios, a la situación no lineal de las zonas rurales y a que las necesidades reales de la ciudadanía han pasado en demasiadas ocasiones a segundo plano por parte de las autoridades.

El capital social, el activo más valioso de los territorios rurales

Asimismo, es necesario separar el trigo de la paja de una vez por todas. El desarrollo rural no subyace únicamente en una visión agrarista del territorio; el desarrollo rural es capital social, cultural y natural y, como ya hemos apuntado, solo puede aplicarse desde un punto de vista holístico territorial.

En estos momentos convulsos, que van desde las posturas políticas extremas a otras aún más extremas, los políticos no pueden ni deben seguir estando desconectados del territorio y de la sociedad. Deben ser conscientes de que el futuro del medio rural y de sus habitantes implica un compromiso: son los habitantes de los pueblos los que conforman el alma de las comarcas y municipios rurales. Las políticas rurales no deberían seguir definiéndose desde despachos alejados del territorio, tan solo empleando un prisma técnico, sino que deben ser elaboradas desde una perspectiva más humana. No queremos autoridades condescendientes con la realidad del territorio, queremos proclamar orgullosos que el medio rural es una tierra de oportunidades.

En general, la sociedad tiene una visión distorsionada de la vida social y de la economía, y pensamos que los mercados funcionan de manera autónoma, como una realidad que es posible imaginar separada del medio en el que se produce. Hasta ahora el medio rural se ha visto como una mercancía, vendiendo productos como folklore, artesanía, turismo rural, patrimonio, deportes de naturaleza, sus materias primas (madera, agua, aire)... La economía siempre estará integrada y subordinada a la sociedad, y dicha economía no se entiende como entorno autónomo, sino como una función de la sociedad: en este caso, la población que habita en el medio rural en su conjunto.

Por ello, desde REDR nos hemos parado a pensar: ¿cuál es el coste de oportunidad de no enfocar el desarrollo rural desde un punto de vista integral? Como el resto de ecosistemas socioeconómicos actuales, el medio rural no puede percibirse como un escenario aislado e independiente. En el siglo XXI, las economías solo pueden entenderse desde un diálogo mutuo, como fuerzas interrelacionadas y con una línea divisoria cada vez más difusa.

La despoblación rural y el reto demográfico

Las zonas rurales se han caracterizado tradicionalmente por tener que hacer frente a más desafíos y dificultades respecto a otros lugares más poblados e interconectados: falta de servicios básicos (educación, sanidad, transportes), menor acceso al mercado laboral y ofertas más limitadas, peores telecomunicaciones...

Pero, si hay algo que define a los territorios rurales, es su capacidad para transformar las dificultades en oportunidades. Esta idea es la clave para afrontar el problema de la despoblación: ante una tendencia inevitable, disponer de las herramientas adecuadas y contar con la voluntad para ser capaces, si no de revertir esta realidad, sí al menos de paliarla y combatirla.

Esta situación no es propia ni única del territorio español, sino que se extiende por todos los países desarrollados. En 2020, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades, y eso es algo que ni las redes, ni los grupos Fundación de Estudios Rurales ANUARIO 2019 46 Analizando el medio rural y la despoblación Las políticas rurales no deberían seguir definiéndose desde despachos alejados del territorio, tan solo empleando un prisma técnico, sino que deben ser elaboradas desde una perspectiva más humana. No queremos autoridades condescendientes con la realidad del territorio, queremos proclamar orgullosos que el medio rural es una tierra de oportunidades de acción local ni los ciudadanos rurales vamos a poder revertir. El medio rural ha de lidiar con este problema y aceptar sus consecuencias, sin mirar hacia otro lado, proponiendo alternativas para hacer de nuestros pueblos lugares más atractivos en los que la ciudadanía pueda realizar sus proyectos vitales. El medio rural debe salir fortalecido de esta lucha: cuanto antes entendamos que las zonas rurales no necesitan competir con las urbanas, sino saber cómo relacionarse de una forma más justa, cómo aprender mutuamente y convivir de forma sostenible, antes podrán planificarse mejores políticas rurales y mejores programas de inversión.

Pese a todo, tenemos en nuestras manos la oportunidad de reorientar la sociedad rural y urbana: la despoblación requiere de una nueva forma de pensar, y hace más necesario que nunca un profundo cambio de mentalidad. El momento que vivimos representa una potencial oportunidad para repensar muchos de los paradigmas que han rodeado el medio rural a lo largo del siglo pasado. Recursos para revitalizar las economías rurales Ser conscientes de la situación real y aceptarla puede ayudar a reorientar las políticas rurales y los programas de inversiones para crecer de un modo más ecológico, sostenible y local, y para permitir a los territorios rurales abrirse a la innovación y a la modernización de la gobernanza, así como a los servicios públicos, empleando estrategias holísticas, proactivas y locales coherentes con la realidad del siglo XXI.

Para ello es necesario disponer de una estrategia planificada y una gestión equitativa y distributiva de los fondos. Existen los instrumentos de intervención pública en materia de desarrollo rural (y ahora, demográfica), pero adolecen, en la mayoría de los casos, de desconexión, de falta de convergencia y, a su vez, de atomización. Hasta la fecha no hay una política pública rural que vertebre, que comunique estos instrumentos y, menos si cabe, que permita complementarlos con la aportación ciudadana.

Yendo más lejos, no existe una política pública que mida el impacto de estas medidas (rural proofing), que sea capaz de comprometer a los gobiernos a revisar y examinar todas las políticas públicas para intentar asegurar que no perjudican a las áreas rurales. Además, a veces se da la paradoja de que, aunque el resultado de estos instrumentos sea positivo, tampoco garantiza su continuidad, debido principalmente a los cortos procesos legislativos en el calendario político. Estos procesos se han basado en propuestas programáticas con escaso marco temporal, dirigidas sin preguntar ni consultar a los ciudadanos que sufren en su día a día el fenómeno de la despoblación, la desolación y la lacra de la falta de servicios.

Por ello, desde REDR nos ofrecemos como observatorio del mecanismo de garantía del medio rural, "un instrumento de carácter nacional que sirva como garante, que verifique las obligaciones y compromisos de las políticas públicas con la sociedad rural". Consideramos que esta supondría una herramienta eficaz de comunicación entre el gobierno y la sociedad rural y, de esta manera, nos aseguraríamos de que todas las políticas que se pongan en práctica contribuyan de forma sinérgica a garantizar la igualdad entre la población urbana y la rural.

Otro de los factores clave para el futuro del mundo rural es la apuesta por la innovación, la posibilidad de que las zonas rurales se conviertan en territorios inteligentes (smart villages). Y, además, que esta definición no sea restrictiva, sino inspiradora (por ejemplo, el acceso a la banda ancha puede ser tanto un resultado como una precondición) y, de forma consecuente, elaborar una estrategia integrada a largo plazo.

Si ya hemos visto que la tendencia hacia la concentración poblacional en áreas urbanas es irreversible, es un hecho igualmente incontestable que los territorios rurales aportan múltiples bienes y recursos intangibles a las ciudades, y que el medio urbano necesita de las zonas rurales y que ambos somos mutuamente dependientes.

Este es el mensaje que queremos que cale tanto en la sociedad rural como en la urbana para los próximos años: si igualamos las condiciones de vida o las equiparamos lo máximo posible; si mejoramos la calidad de los servicios sanitarios, educativos, logísticos; si acortamos las distancias y los tiempos e impulsamos las comunicaciones; si, en definitiva, hacemos que la calidad de vida de los habitantes del medio rural sea igual que la de las ciudades, estaremos dando una oportunidad a nuestros territorios rurales.

Transformemos social y económicamente nuestros pueblos, hagamos protagonistas directos a sus ciudadanos, hagamos del capital humano y medioambiental nuestros principales activos; aprendamos juntos y establezcamos un camino conjunto de mejora para todos; permitamos cocrear de la mano, compartamos ideas, reflexiones y, sobre todo, tecnologías y digitalización de procesos.

Para acabar con esa dicotomía urbano-rural, rompamos esa barrera y empecemos a empoderar a nuestros territorios rurales, dotándolos de herramientas que difuminen o logren romper esa barrera con las áreas urbanas, para que al menos sean los ciudadanos los que tengan la libertad de elegir la opción rural como modo de vida sin restricciones ni condiciones.

El enfoque LEADER, una metodología eficaz

No existe una varita mágica que pueda resolver el que probablemente sea el mayor problema al que se enfrenta la totalidad del Estado español. Pero sí somos conscientes de que la solución siempre se halla al lado del problema (o, al menos, cerca). En este caso está en nuestra mano, porque TODOS hemos sido responsables de esta situación.

Una reivindicación que los territorios rurales vienen haciendo desde hace tiempo es la necesidad de que se hagan políticas de desarrollo rural transversales y que respondan a las necesidades reales de la población local, ámbito en el que los Grupos de Acción Local tienen mucho que aportar. Porque no hay mejor política demográfica que ofrecer oportunidades a quienes quieren vivir tanto en las zonas rurales como en las urbanas.

El medio rural y sus ciudadanos no pueden mirar hacia otro lado a la hora de replicar, adaptar y asumir el peso de las tendencias; ha de comprender, integrar y hacer suyas las ideas disruptivas y renovadoras. El método LEADER empleado por los grupos de acción local representa el mayor exponente del capital social de las zonas rurales en España, y es una buena herramienta de colaboración (eficaz, testada, avalada por las instituciones españoles y europeas) para mejorar la gobernanza rural; no en vano ha sido el único instrumento que ha trasladado la toma de decisiones en materia de financiación europea a nivel local a cada municipio y comarca rural de España.

Los GAL tienen una larga historia en el campo del desarrollo local y colaborativo, y ya cuentan con una red establecida de ciudadanos, empresas locales e instituciones públicas, así como una eficiente estructura laboral-técnica. Gracias al trabajo que los GAL han realizado durante décadas, hoy en día, cuando se establece una nueva actividad, comienzan con ventaja, porque no necesitan invertir demasiados recursos para inspeccionar el área y llegar a la población y las organizaciones locales.

El éxito del enfoque LEADER en los territorios rurales desde hace más de dos décadas va más allá de sus logros en materia agraria. La diversificación de las inversiones rurales es una de sus puntas de lanza, pero ¿en cuántos otros aspectos ha servido para mejorar la vida de los habitantes del medio rural? El enfoque LEADER ha puesto en marcha iniciativas de inclusión social, de apoyo a migrantes, de desarrollo de proyectos en favor de los discapacitados, de formación y capacitación entre los sectores más olvidados, de puesta en marcha de proyectos medioambientales y contra el cambio climático, de empoderamiento femenino...

Y, por supuesto, desde REDR queremos hacer un tributo y quitarnos el sombrero ante los miles de emprendedores que deciden implementar nuevos negocios en el medio rural. Es fundamental empezar por reconocer en su justa medida la enorme trascendencia de aquellos habitantes rurales que, con todo en contra, se mantienen firmes a la hora de permanecer en sus territorios, porque para ellos lo más importante es la calidad de vida (y de esos hay muchos en el medio rural).

Conclusiones

Desde REDR defendemos que, sin pueblos, no hay futuro. Es fundamental que la sociedad española sea consciente de la urgencia de combatir la despoblación y darle otra oportunidad a las zonas rurales. Y la pregunta que surge de esta reflexión es si aún estamos a tiempo. Por nuestra parte, nos esforzaremos en trasladar y visibilizar la imagen de los territorios rurales como espacios vivos de innovación, e invitamos a la sociedad a poner en marcha iniciativas y procesos disruptivos en nuestras áreas rurales.

En este sentido recomendamos a todos los lectores del Anuario que consulten el estudio "RedPoblar" elaborado por REDR. En él se recogen muchas de las tesis aquí reflejadas, con una visión constructiva y optimista del medio rural. Al mismo tiempo se analizan a fondo las medidas y herramientas disponibles para combatir los retos a los que se enfrentan nuestros pueblos y comarcas: la despoblación, la falta de oportunidades, las carencias en servicios básicos, la falta de oportunidades laborales, la escasa conectividad... Ese estudio intenta reflejar la realidad de la sociedad rural, con sus debilidades, retos y desafíos y, a la vez, quiere servir para alzar la voz sobre un riesgo tan patente como es la situación demográfica de nuestros territorios.

Para su elaboración, las principales fuentes del estudio fueron más de 5.000 encuestas realizadas a mujeres, jóvenes y familias del medio rural, en cada una de las provincias españolas, unos datos nunca antes segmentados y analizados de forma sistemática en un estudio similar.

 La publicación de REDR incide en varios mensajes concisos y sencillos: aprovechar el auge de las nuevas tecnologías y la digitalización en el medio rural; hacer converger los recursos de manera coordinada entre las Administraciones públicas, y establecer un contrato urbano-rural que regule sus relaciones, basadas en la cooperación y no en la competición.

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