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De Teruel a las Highlands: el ejemplo escocés plantea virtudes a imitar contra la despoblación, como visión de largo plazo, objetivos pragmáticos y un nítido respaldo institucional

02/07/2018 Área: Exclusión social Fuente: El Mundo

Artículo de opinión de Raúl Conde, publicado en El Mundo.

La comisaria europea de Política Regional, Corina Cretu, estuvo en Teruel a finales de 2016 y allí puso como ejemplo el modelo aplicado en las Tierras Altas-Highlands de Escocia durante el último medio siglo para revertir la despoblación. La llamada surtió efecto. Al año siguiente, tres representantes de cada uno de los cinco territorios escasamente poblados de nivel NUTS 3 reconocidos por la Unión Europea (Cuenca, Soria y Teruel en España y dos regiones de Grecia y Croacia), visitaron Escocia para conocer las políticas desarrolladas durante décadas para la recuperación de una amplia superficie rural con fuertes desventajas naturales y demográficas. La directriz contra la sangría demográfica elaborada por el Gobierno de Aragón, en gran medida, adopta como base la batería de iniciativas llevadas a cabo en las Highlands. Falta que se traduzca en hechos.

Las proyecciones que manejan las autoridades locales es que las Tierras Altas escocesas alcanzarán en 2035 los 255.835 habitantes, un 15% más de los que tenía en 2010. Tuve la oportunidad de conocer recientemente esta amplia comarca, cuya economía gira alrededor de la selvicultura (gestión de la masa forestal), la acuicultura (la zona acumula más de 3.000 lagos) y el turismo activo(especialmente orientado a la conservación del entorno). Se trata de un territorio de una belleza exuberante. Un paraíso ahíto de valles anchurosos, leyendas centenarias y una cultura macerada alrededor del arraigo de clanes familiares y la conservación del gaélico escocés, que es la lengua propia de este terruño.

La debacle producida a raíz de las guerras jacobitas y la gran hambruna irlandesa de 1840 arrasaron con este territorio, que quedó prácticamente despoblado. La floreciente Escocia del siglo XX se marcó como meta recuperar habitantes. Y lo ha logrado. Carreteras humildes -en realidad una sola carretera, la que vertebra todo la comarca, muy lejos del derroche en infraestructuras innecesarias-, altitud baja -en contraste con nuestras regiones montañosas- y concentración demográfica alrededor de solo siete municipios, a diferencia de los 236 municipios turolenses o los 183 sorianos, sin contar que el número de sus núcleos de población en estas provincias es aún más elevado.

El paro en las Highlands apenas alcanza el 2% y la densidad de población es de cuatro habitantes por kilómetro cuadrado. Pese a las diferencias con las comarcas españolas afectadas por la despoblación, el ejemplo escocés plantea virtudes a imitar: visión de largo plazo, objetivos pragmáticos y un nítido respaldo institucional. Y, todo ello, galvanizado a través de una agencia de desarrollo territorial (Highlands and Islands Enterprise HIE), una organización autónoma y despolitizada que, desde 1965, ha permitido absorber proyectos sociales, penetrar en el territorio, fomentar la cultura de la cooperación, recuperar el orgullo rural y articular una economía sostenible mediante un marco fiscal favorecedor para los empresarios que invierten en estas zonas.

La experiencia de las Tierras de Altas de Escocia muestra que el proceso participativo resulta clave para encontrar una salida. No basta con regar un territorio con una cantidad ingente de euros procedentes de los fondos de cohesión: es necesario integrar al tejido social, aunque éste sea escuálido, y acometer los cambios legislativos necesarios teniendo muy presente las particularidades de cada territorio. Es cierto que el hecho de que el 70% de la superficie de las Highlands sea de propiedad privada marca una diferencia relevante con relación a nuestra realidad nacional. También que su capital, Inverness, suma casi 70.000 habitantes, lo que equivale a uno de cada tres habitantes de la comarca. Sin embargo, resulta admirable tanto el vínculo establecido con la universidad local -facilitando así la instalación de empresas- como la monitorización de las acciones desde una férrea disciplina en la relación coste-efectividad que nada tiene que ver con plagar la meseta de frontones inútiles, ni con iluminar monumentos en pésimo estado de conservación ni con conceder subvenciones para casas rurales que nunca llegan a abrirse.

La planificación en las Highlands se ha traducido en mejoras tangibles. No solo en el aumento de equipamientos y la ampliación de la oferta de vivienda, sino en incentivos para facilitar el emprendimiento en aras de una economía sostenible acorde con un entorno natural privilegiado. También se ha plasmado en una conectividad óptima con una banda ancha digna de tal nombre, a diferencia de las cochambrosas conexiones del medio rural español, que en pleno siglo XXI sigue sufriendo no ya la brecha digital sino cortes en el suministro del teléfono fijo.

Ningún modelo es perfecto. De hecho, en las propias Tierras Altas, las infraestructuras viarias son pésimas y el hospital público resulta insuficiente. Sin embargo, su proyecto indica un patrón perfectamente asimilable en varias de las comarcas despobladas de nuestro país. El Gobierno, y las comunidades autónomas, deberían tomar nota. Escocia ha demostrado que el equilibrio demográfico y el desarrollo económico no son una utopía para las zonas depauperadas.

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