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Arte para frenar la despoblación rural

09/10/2017 Área: Exclusión social Fuente: El Mundo

Artículo de Iván Ruiz Jiménez, publicado en El Mundo.

¿Puede el arte convertirse en un motor que revitalice el mundo rural? Desde luego así lo creyeron Lucía Camón y Alfonso Kint cuando hace cinco años cambiaron Madrid por una pequeña localidad de 188 habitantes llamada Torralba de Ribota, en la provincia de Zaragoza. Ella, actriz y poeta; él, director, guionista y productor de cine, además de dibujante.

Todo comenzó con un: "¿Y por qué no?". Tras heredar Lucía una casa familiar en Torralba, entendieron que la capital "no era un lugar adecuado" para criar a su hija recién nacida y decidieron cambiar de aires. Era 2012 y la crisis económica y las protestas del 15-M no sólo habían convulsionado la vida política y social en España, también habían supuesto un punto de inflexión para ellos. Había nacido Pueblos en Arte.

"Somos una plataforma cultural que busca reactivar territorios afectados por la despoblación a través del arte. Acercamos los artistas a los pueblos y los pueblos a los artistas", define la propia Lucía. La falta de alternativas de un paraje, a priori tan singular para desarrollar su profesión no les supuso ningún obstáculo. Todo lo contrario, significó un aliciente. "Me gustó esa sensación de que había mucho por hacer, de ser una página en blanco. Hoy en día en el mundo rural hay espacio para desarrollar proyectos porque está todo vacío", revela. Lo cierto es que, también fue determinante para cambiar de aires una cuestión evidente: el precio de la vivienda.

Poco a poco empezó a correr la voz del proyecto, primero entre su círculo más inmediato, después a "amigos de amigos". Así nació el interés de más artistas que, poco a poco, se fueron sumando.

Una de esas primeras personas en sumarse fue la actriz y profesora de teatro Ana Bettschen, amiga de Lucía, quien, tras pasar una noche en Torralba, decidió abandonar el polifacético barrio madrileño de Malasaña para establecerse con sus hijos en la pequeña localidad cercana al río Ribota. "Hacía tiempo que me atraía el hecho de vivir en un pueblo. Lo decidí así porque necesitaba un espacio de reflexión, de introspección y, además, luego vi que era posible".

Ganarse la vida en un pueblo de estas características no es una tarea sencilla. Más aún si tu ocupación no está relacionada con las labores agrícolas tradicionales de la localidad. Ana es consciente. No obstante, confía en el papel que también puede jugar la cultura también desde su faceta pedagógica. "En los colegios del entorno como Calatayud hay público joven al que se le puede dar a conocer el teatro. Se pueden organizar talleres de formación allí", aventura.

Pero todo no quedó ahí. Poco a poco, los habitantes de Torralba observaron con extrañeza la llegada de un puñado de artistas entre los que había pintores, escultores o fotógrafos. En total, una docena de personas, algunos de ellos familias con hijos pequeños, una estampa prácticamente inédita en el pueblo durante el año a excepción del periodo veraniego. Muchos de ellos han fijado su residencia en Torralba -o lo harán en próximas fechas- tras comprar alguna de las casas abandonadas en la localidad. Otros, en cambio, mantienen únicamente un vínculo profesional con el epicentro de Pueblos en Arte. Al menos, de momento.

Los primeros sorprendidos con este pequeño, aunque revitalizador movimiento cultural, son sus propios creadores. De esta manera lo expresa Lucía: "La repoblación no es el objetivo, sino la consecuencia. Nos ha sorprendido la necesidad de esas personas de salir de la ciudad. Y no son los únicos. Muchos están deseando hacer lo mismo, sólo hay que darles facilidades, como generar una agenda cultural en los pueblos más o menos estable en la que ocurran cosas interesantes de vez en cuando".

Este impulso creativo ha permitido que los habitantes de la localidad bilbilitana hayan podido disfrutar de diferentes exposiciones de pintura o de escultura. También de una obra de teatro, resultado de un taller dirigido por el dramaturgo Pablo Messiez. "Lo único que pedimos a los artistas es que la comunidad forme parte de su proceso de creación, ya sea haciéndoles partícipes, que se inspiren en ella o que al final les enseñen el resultado. De esta manera intentamos que haya una comunicación entre la gente del pueblo y los artistas", remarca Ana.

Un modelo exportable

Soñando un lugar es el ejemplo que mejor ilustra esta colaboración recíproca. En este documental de Alfonso Kint, Torralba y sus vecinos son los protagonistas principales de la trama, que busca contraponer lo urbano frente a lo rural. "Entre otras cosas, trata el tema del desarraigo, de vivir en un lugar donde hay un control constante disfrazado de seguridad frente a otro en el que hay libertad", explica su autor.

Lo que empezó como una manera de reinventarse, se ha convertido en un modelo exportable a su entorno. Valtorres, un pueblo con 73 habitantes a pocos kilómetros de Torralba, ha cruzado su camino con Pueblos en Arte desde julio de este año. Fruto de ello, ha sido posible ver este verano actuaciones de baile contemporáneo o talleres de arte creativo entre otras actividades, algo que Marta Fernández, su alcaldesa, confiesa que estaría fuera de su alcance de otra manera. La filosofía es la misma: "Nosotros les cedemos esos espacios, con la condición de que cuando terminen cada estancia muestren al pueblo lo que han creado".

La alcaldesa no duda en ver como positivo estas actividades en el pueblo, pese a la sorpresa inicial de los vecinos: "Al principio la gente estaba a la expectativa porque es algo nuevo y nos tenemos que ir acostumbrando a este tipo de actividades. Nos aporta actividades culturales, abrir un poco a la gente lo que hay fuera, ver otro tipo de iniciativas, acercarnos el mundo del arte". Y añade un deseo: "Ojalá haya artistas que se establezcan aquí, del mismo modo que fueron a Torralba".

Alfonso Puertas es el actual alcalde de Torralba de Ribota. Coincide con su homóloga en destacar la "extrañeza" de esos primeros pasos con el proyecto de Pueblos en Arte. Según explica, los inicios no fueron del todo fáciles al entrar en contacto dos mundos muy diferentes, sin embargo, "después de cinco años, ya nos complementamos". No duda de los beneficios que puede significar este proyecto para el pueblo, especialmente para su promoción exterior: "Ha servido para publicitar el pueblo, ahora la gente lo conoce más. También puede contribuir a revitalizar Torralba y ayudar a su transformación".

Una utopía en el mundo rural

Sin duda, el problema al que se enfrenta la España rural y que, de manera más evidente, se ve en Aragón es la despoblación. Un factor que puede desembocar en su pérdida definitiva y que está en la mente con quienes tiene sus raíces en Torralba. Íñigo Zúcar es uno de aquellos a los que la vida y el trabajo les ha llevado fuera del pueblo, pero que retornan a él en verano. Este joven observa la iniciativa de Pueblos en Arte como una posibilidad de impulso para el pueblo "si vinieran ocho o 10 familias y se quedaran todo el año", especialmente si vienen con niños pequeños. "En caso contrario, sí podría llegar a despoblarse, aunque lo cierto es que, ahora, la gente que trabaja fuera dice que cuando se jubile quiere volver. De ser así, sí que se mantendría", puntualiza.

Roberto Mallén reside en Madrid por motivos también laborales, aunque mantiene un contacto constante con Torralba. "Han aportado aire fresco, su visión utópica del mundo a un lugar donde, por desgracia, cada vez son menos. Han sumado otra visión, movimiento y personas", explica. Y añade: "Valoro que cuando han hecho cosas han contado con el pueblo o le han abierto las puertas. La realidad es que Torralba necesita gente, pues a día de hoy tenemos una población muy mayor y para que los que estamos fuera podamos volver cuando nos jubilemos, necesitamos que siga existiendo, y no sólo con residencias de fin de semana".

Sin embargo, "esta iniciativa me parece súper interesante, están haciendo un trabajo muy bueno en hacer que en un pueblo se pueda vivir, y tener al alcance cosas que no se tendría de otra manera, sin embargo, también necesitamos gente que cultive los campos, que aporte el trabajo tradicional, que se está perdiendo y es lo que deja a los pueblos sin alma».

Pueblos en Arte continúa su difusión y en septiembre dará un salto más, esta vez a Calatayud, la capital de comarca. Sobre qué puede deparar el futuro, cada uno tiene su particular visión. "Alguno se animará a ir a su pueblo natal o a otros con los que no tiene relación. La gente va a volver a lo natural", pronostica Alfonso. Lucía, en cambio, es más cauta y subraya que le gustaría que "generara un movimiento cultural en los pueblos que trajera nuevos puntos de vista que hicieran que los pueblos se reinventasen". Ana va más allá: "Me gustaría que Pueblos en Arte cruzara los Pirineos y llegara al sur de Francia. También que esas dos Españas, la del mundo rural y el urbano, se entendieran, que los urbanitas perdieran el miedo al pueblo y se instalaran en los pueblos, porque hoy en días las comunicaciones y los servicios no tienen nada que ver con los de hace años. Y, sobre todo, me gustaría que se hiciera exportable a otros gremios".

Sólo el tiempo dictará si Pueblos en Arte es la utopía que rompe con su definición para convertirse en una alternativa real al problema del abandono del mundo rural.

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