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Una despoblación sin precedentes y el abandono del medio rural: caldo de cultivo para los incendios forestales

03/07/2017 Área: Instituciones Públicas Fuente: Levante EMV

  • Expertos como el ingeniero Rafa Delgado alertan de que las montañas valencianas registran hoy una masa forestal sin precedentes que fomenta los grandes incendios.
  • La despoblación y la falta de actuaciones primarias son otras causas.

Artículo de Gerard S. Ferrando, publicado en Levante.

Las llamas y el humo se disipan en la Calderona y dejan a la vista un paisaje de desolación que, pese a no ser algo nuevo, no deja de producir sensación de frustración, rabia e impotencia. Ahora parece que es el momento de destacar la efectividad de las labores de extinción, los medios empleados y la capacidad de respuesta, pero el balance no puede quedar ahí, sino que se debe mirar más hacia atrás, hacia la prevención. En este sentido, y como destaca el doctor en Ingeniería Forestal, Rafa Delgado, «ahora mismo gastamos 20 veces más en extinción que en gestión sobre el territorio forestal». Un problema que, unido a otras causas como la despoblación de las zonas rurales, el aumento de la masa forestal, la falta de mantenimiento de carreteras, el abandono de las áreas de cultivo, o el cambio climático, explican la peligrosidad de incendio en los montes que, según Delgado, «no va a parar de aumentar».

Una despoblación sin precedentes

Una de las principales causas de que los montes valencianos sean hoy un auténtico polvorín es el éxodo rural que no ha dejado de darse desde los años 60. Delgado, cuya tesis doctoral analiza la evolución de las coberturas forestales en Castelló en los últimos 50 años, explica que de 1960 a 1975 se perdió «el 50 % de la población rural». Él recuerda que no fue hasta 1968 cuando se inician las estadísticas sobre incendios forestales porque hasta entonces, sencillamente, no eran un problema. Así, ambos fenómenos han ido de la mano desde entonces y no hay más que ver la evolución de los grandes incendios para darse cuenta de ello. Delgado alerta de que esta despoblación masiva y sin retorno «no se había dado desde el Neolítico» y asevera que es algo que no se va a revertir.

El concepto de gran incendio

Un dato que ejemplifica cómo ha ido aumentando el peligro de grandes fuegos se puede ver en la evolución de los mismos. De este modo, en 1982 uno de 50 hectáreas ya se consideraba de grandes dimensiones. Luego, en 1994 llegaron los incendios de 15.000 hectáreas en lugares como Espadilla y en 2012 en Cortés de Pallás ya se superaron las 50.000 hectáreas. Para entonces, las 50 de 1982 eran ya algo irrisorio.

Falta de inversiones

Está claro que cuando se da un incendio la respuesta es rápida y bastante efectiva, como así destacaba ayer el alcalde de Gátova, Manolo Martínez, pero también es evidente la falta de inversiones en muchos aspectos. Delgado calcula que un incendio de unas 1.300 hectáreas como el de la Calderona puede costar sobre un millón de euros en labores de extinción y se pregunta si no se podría repartir todo eso en fomentar aspectos de prevención como mejorar los caminos, crear puntos de agua, aumentar la vigilancia o aprobar, como dice la ley, planes locales de prevención de incendios, algo que incumplen la mayoría de ayuntamientos.

Aumento de la masa forestal. La citada despoblación, unida al cambio climático, está provocando que la masa forestal se eleve a cifras sin precedentes. Así, Delgado asegura que hoy tenemos los niveles de bosque más altos desde el Neolítico, convirtiendo el territorio en una especie de polvorín casi ingobernable. Ante eso, propone más actuación forestal primaria. Y advierte de que centrar las inversiones en la extinción es «como si en Sanidad en vez de invertir en atención primaria y prevención se hiciera solo en quirófanos para enfermos terminales».

¿Hace falta una tragedia? Ante esta situación, y viendo lo ocurrido hace poco en Portugal, alcaldes como el de Gátova, donde las llamas se quedaron a menos de un kilómetro del pueblo, se preguntan si «hace falta una gran tragedia» para que, por fin, se actúe con todos los medios preventivos. Él incide también en el problema de la despoblación y en la falta de incentivos para trabajar los campos o invertir en ganadería. Además, lamenta que lugares como la Calderona, sean considerados un Parque Natural, con lo que no se puede realizar labores económicas en ellos, pero, por otra parte, no se invierte lo suficiente para mantenerlos y preservarlos.

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