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Despoblación en Extremadura, una imagen fuera de foco

22/06/2017 Área: Exclusión social Fuente: INNODE

Reportaje elaborado por INNODE.

Seguro que la persona que lea este blog ha escuchado más de una vez: "En Extremadura todavía no se ha cerrado ningún pueblo". No es verdad (si empezamos siendo rotundos, mal vamos). Afirmar esto con convencimiento y como una certeza absoluta, es hacernos trampas en el juego del solitario. Un espacio cerrado no es sinónimo de vacío, solo expresa que existen barreras que no permiten entrar y salir. En nuestra región hay pueblos que hace muchos años permanecen cerrados, no hay nuevos moradores y los que quedan, no tienen ambición ni ganas de buscar otro lugar. Quizás lo que se quiera expresar es que no se ha firmado el certificado de defunción de ninguna localidad, pero salvo que se apliquen medidas urgentes y efectivas, pronto empezarán a concretarse. Todavía hay quien habla de aplicar políticas enfocadas a "fijar la población". ¿De qué vale fijar la población en un pueblo con 70 años de edad media? Esa oportunidad ya la hemos perdido. Ahora, directamente hay que aplicar terapia de choque, dirigida a recuperar población y rejuvenecerla. Pero existen reticencias a invertir en problemas alejados del foco mediático.

Un día de invierno, mientras paseaba por el Guijo de Santa Bárbara esperando entrar en una reunión del proceso participativo que realizamos junto a ADICOVER para elaborar la EDLP de la Comarca de La Vera, me senté a hablar con tres señoras mayores, la más joven de ellas de 81 años (sí, tuve la falta de tacto de preguntarles la edad); en un momento de la conversación alabé la belleza del pueblo y del entorno, y una de ellas me preguntó: "¿tú te vas a venir a vivir aquí?" Mi contestación fue la obvia: "no, no lo tengo pensado". Así que me miraron y la que llevaba la voz cantante me soltó con una clarividencia incontestable: "El pueblo es bonito sí, pero hay que vivir aquí. Y se ve que con ser bonito no basta". A partir de aquí me dieron una lección de sabiduría popular.

LA CALIDAD DE VIDA DEL MEDIO RURAL

Cuando un urbanita pasa un fin de semana en un pueblo más o menos turístico, o hace una excursión de sábado en familia para recorrer un paraje natural, visitar un castillo, saborear gastronomía tradicional o simplemente para cambiar unas horas de aire, suele ensalzar el modelo de vida rural, la tranquilidad, la calma, la belleza del entorno, la conservación de la arquitectura popular, la amabilidad de la gente o como por un precio irrisorio, ha disfrutado de una comida elaborada con productos no embalsamados para que perduren en las estanterías de los supermercados.

Pero el urbanita vuelve al ruido y la prisa, aunque haya disfrutado, aunque haya sido dueño del tiempo, aunque se haya podido permitir el precio de un menú que en su ciudad, sería un lujo inalcanzable. Pero en nuestro día a día, olvidamos el romanticismo y nos volvemos pragmáticos, y entonces la ciudad vence, por una sencilla razón, la población rural no cuenta con las mismas oportunidades que la población urbana. Y, aunque hay personas a las que le compensa sacrificar este desequilibrio, y optar por la calidad de vida que ofrece un pueblo, la tendencia social creciente es buscar la comodidad de tener cualquier servicio al alcance de la mano, de poder optar entre un conjunto amplio de alternativas de ocio, de disfrutar del dinamismo social, es decir, anhelamos la capacidad de elección que ofrece una ciudad, como si en ella radicara el Santo Grial de nuestros objetivos vitales.

LA DESPOBLACIÓN ¿ES UN PROBLEMA?

Nosotros no tenemos duda de la respuesta. Sí es un problema, uno muy grave, un problema que no solo afecta a la ciudadanía rural, ya que la capacidad de las ciudades no es infinita; y si la población global crece, pero la rural decrece, no hay que ser adivino ni matemático para intuir hacia donde se dirigen las personas. Pero las consecuencias de esta enfermedad no son inmediatas, y vivimos en la sociedad de la prisa, de las redes sociales, del día a día, de las encuestas de opinión, de la globalización económica, de las barrearas a las personas...

Así que es precioso reformular la pregunta.

LA DESPOBLACIÓN ¿ES PERCIBIDA COMO UN PROBLEMA?

En este caso la respuesta cambia. Las personas que viven en pueblos y ven cómo se quedan vacíos, cómo desaparecen juegos y ruidos infantiles; las pequeñas empresas que observan cómo se quedan sin clientes o como compiten en desventaja respecto a aquellas que cuentan con comunicaciones adaptadas a la evolución de los tiempos; los profesionales que desarrollan su labor profesional en ámbitos rurales y combaten en un contexto lleno de esfuerzos estériles... Sí, hay un conjunto creciente, pero insuficiente de personas que somos conscientes del problema y de su magnitud. Estamos lejos de ser una mayoría a escala global, y todavía no hemos logrado que la cuestión adquiera relevancia política y atención mediática.

En octubre de 2016 asistimos a un interesante congreso sobre Despoblación Rural organizado por la Diputación de Cáceres. En este evento, la cuestión de la despoblación se trató como un problema indiscutible y que no admite interpretaciones. Pero, no es así, la cuestión si admite tendencias y discusiones ideológicas. En la actualidad, hay una corriente, que va ganando fuerza, que no da importancia alguna a la desaparición de pueblos y a la agrupación de la ciudadanía en núcleos urbanos. Para esta corriente, la despoblación del medio rural, no solo no es un problema, sino que es un medio para contener el gasto público. Están equivocados, pero aún nadie se lo ha demostrado.

CÓMO SITUAR EL FOCO SOBRE EL PROBLEMA DE LA DESPOBLACIÓN

Uno de los puntos débiles del problema de la despoblación radica en que la cuestión se expone siempre desde un ámbito sentimental. La nostalgia no es un valor que posicione nada en la agenda política, es más útil para los cantautores. Se habla de la riqueza cultural que se pierde, de las tradiciones, se cuentan historias de cómo en pueblos que antes estaban llenos de vida ahora solo escuchan el sonido del silencio; se hace referencia a densidades de población por debajo de las de Laponia, a la falta de servicios, al envejecimiento; se pone el acento sobre la sostenibilidad, el cambio climático, la calidad de vida..., todo verdad, todo indiscutible y todo con muy buena música; pero para que el tema empiece a ser tomado en serio de manera global, para que se asiente en la agenda política, para que los medios comiencen a prestarle la atención que se merece, es preciso traducirlo a millones de euros.

¿Cuánto pierde nuestro PIB por no producir la materia prima de ese territorio que abandonamos? ¿Cuánto costaría mantener el patrimonio histórico de los pueblos que se van quedando vacíos? ¿Cuánta inversión supondría conservar el medio natural de las zonas abandonadas? ¿Cuánto nos gastaríamos en extinguir incendios y recuperar zonas arrasadas? ¿Cuánto le va a costar a las ciudades articular las estructuras y los servicios necesarios para dar cobertura al excedente de población?...

EXTREMADURA: UN MEDIO RURAL QUE LANGUIDECE ESPERANDO SOLUCIONES

El fenómeno de la despoblación rural no es nuevo. Después de un periodo de crecimiento iniciado al apagarse el siglo XIX, a mediados XX, se dibuja un punto de inflexión a nivel global en el territorio español desde el punto de vista demográfico. La dureza del periodo de postguerra motiva el flujo masivo de ciudadanos desde las zonas periféricas a las grandes ciudades, fenómeno que se acentúa en el medio rural, que inicia un prolongado periodo de acusado descenso demográfico. Este éxodo se estanca, aunque de manera desigual en la década de los 90, en la que entran en juego factores como los programas europeos, las políticas de desarrollo o la metodología LEADER, a través de los cuales se consiguen resultados tangibles que oscilan desde casos en los que únicamente se atenúa la curva descendente, hasta núcleos en los que se consigue revertir la tendencia demográfica. Hasta que, a principio de la década de los 10 del siglo XXI, se implantan las políticas de austeridad enfocadas a dar respuesta a la crisis de la deuda soberana, y el fenómeno vuelve a acentuarse.

El pasado es otra historia, que será contada en otro momento. En este análisis se pretende centrar el foco en la actualidad, con el fin de hacer notar que este no es un problema de siglos pretéritos, sino que ahora está en plena vigencia, y que, en el año 2011 se ha vuelto a trazar un nuevo punto de inflexión, con una diferencia sobre el éxodo anterior, esta vez los pueblos no registraban poblaciones en máximos históricos, sino que ha incidido sobre un Medio Rural que nunca llegó a recuperarse de la sacudida anterior. Es decir, esta vez, se ha partido ya desde una situación de riego, incluso sin solución en zonas puntuales. Zonas que se irán multiplicando a medida que se retrasen las soluciones. Veamos que ha pasado en Extremadura en la última década, y en concreto a partir del 2011, año en el que las consecuencias del contexto de crisis provocan la reducción de servicios públicos en los entornos rurales, el mercado de empleo se contrae y las alternativas de ocio y de actividad social disminuyen como consecuencia del descenso en la inversión y la caída del poder adquisitivo.

Variación 2007/2011 % Variación 2011/2016 % Variación 2007/2016 %
Badajoz 15.462 2,28% -9.808 -1,41% 5.654 0,83%
Cáceres 3.915 0,95% -11.781 -2,84% -7.866 -1,91%
Extremadura 19.377 1,78% -21.589 -1,95% -2.212 -0,20%
Ciudades 20.970 4,97% 272 0,06% 21.242 5,04%
Pueblos >10.000 2.398 2,78% -639 -0,72% 1.759 2,04%
Pueblos 5.000 - 10.000 -791 -0,47% -6.828 -4,12% -7.619 -4,57%
Pueblos 2.000 - 5.000 206 0,11% -6.149 -3,42% -5.943 -3,31%
Pueblos 1.000 - 2.000 -2.363 -1,86% -5.583 -4,47% -7.946 -6,24%
Pueblos <1.000 -2.777 -2,55% -7.031 -6,64% -9.808 -9,02%
Población Rural -1.593 -0,24% -21.861 -3,28% -23.454 -3,51%

En el periodo 2007 / 2016 el Medio Rural de Extremadura, pierde 23.454 habitantes, lo preocupante es que 21.861 de estas pérdidas, se contabilizan desde el 2011. En la tabla anterior se observa el punto de ruptura al que se hacía referencia. A partir de la anualidad señalada, los datos no son buenos para el conjunto de la región, en el Medio Rural es muy negativo, pero en concreto, en los pueblos de menos de mil habitantes, es dramático. La pérdida de población rural es tan acusada en el periodo 2007 / 2016, que no compensa los crecimientos experimentados en los núcleos de más de 10.000 habitantes y, en particular, en las ciudades. Y por primera vez desde hace dos décadas, se inicia un periodo de pérdida de población a escala regional.

La variación de la población en el periodo 2007 / 2016 es directamente proporcional al tamaño de los núcleos que conforman los grupos. Las ciudades en este periodo crecen un 5,04%, mientras que las localidades de menos de 1.000 habitantes han perdido más del 9% de su masa social. Este es un indicador a través del cual podría intuirse que el componente social es esencial para entender la tendencia demográfica, pero esa es otra historia, que será analizada en una entrada posterior.

La realidad que refleja el gráfico anterior es elocuente, casi el 50%% de la población de Extremadura vive en los núcleos de más de 10.000 habitantes (se incluye Miajadas, que, aunque no alcanza esta cifra en el padrón e 2016, sí que superaba ese número de habitantes en 2007). Es decir, el 50% de la población habita en 14 de los 388 municipios de la región. En 2017 por primera vez se superará ese porcentaje, y de continuar esta proyección, en 2040 serán las 7 ciudades de la región (Badajoz, Cáceres, Mérida, Plasencia, Don Benito, Almendralejo, Villanueva de la Serena), las que concentrarán más de la mitad de la población.

Sin la necesidad de entrar en proyecciones futuras que pueden o no cumplirse (de no tomar medidas efectivas se cumplirán, sin duda), los datos actuales ya trazan una situación complicada:

Núcleos > 10.000 habitantes Núcleos < 10.000 habitantes
Población (% total Extremadura) 49,73% 50,27%
Extensión 6.249,74 km2 35.385,26 km2
Extensión (% total Extremadura) 15,01% 84,99%
Densidad 84,97 hab/km2 15,73 hab/km2

A pesar de definirnos como una región que ha apostado por un modelo rural, la realidad es que hoy, el 50% de la población extremeña se concentra en el 15% del territorio (el porcentaje no alcanzaría 10% si en vez de sumar términos municipales, el cálculo se hubiera realizado atendiendo a la extensión de los núcleos urbanos en los que se concentra la población). Esta realidad genera el desequilibrio de contar con un 15% del territorio en el que se alcanza una densidad de población próxima a 85 hab/km2 y un 85% de la extensión regional en la que no se alcanzan los 16 hab/km2.

Haciendo un ejercicio de síntesis puede concluirse que la etiqueta de rural refleja lo que fuimos, no se ajusta a lo que somos, y está muy lejos de definir lo que seremos.

¿Es esta una realidad viable? ¿Cómo se sostendrá el sector agroalimentario sin materia prima y sin relevo generacional que garantice la continuidad de las explotaciones? ¿Qué coste tendrá para la Administración sostener el medio natural sin labores tradicionales que mantengan los equilibrios? ¿Cómo conservaremos los patrimonios social, etnográfico, cultural? ¿Cuánto costará garantizar los servicios básicos en territorios infrapoblados?

EL ENVEJECIMIENTO, LA CONSECUENCIA QUE ACENTÚA LA ESPIRAL

Hay analistas del fenómeno demográfico, que sitúan en envejecimiento como un problema al mismo nivel que la despoblación. Nosotros lo vemos como una consecuencia de la despoblación. Aunque sin lugar a dudas, es una consecuencia que alcanza el rango de problema, y que acelera la espiral de la pérdida de habitantes. En la siguiente tabla, se detalla la edad media de las 20 (117 han perdido por encima del 10%) localidades de Extremadura que han perdido más del 20% de habitantes en el periodo 2007 / 2016. Todas estas localidades, a excepción de Galisteo, cuentan con una media superior a los 50 años:

2007 2016 Variación % Edad Media Edad Media Mujer
Galisteo 1.980 1.009 -49,04% 45,31 47,55
Campillo de Deleitosa 97 51 -47,42% 72,27 73,53
Descargamaría 233 138 -40,77% 57,01 61,67
Salvatierra de Santiago 335 236 -29,55% 63,3 65,23
Villamiel 710 505 -28,87% 56,43 58,92
Carrascalejo 355 254 -28,45% 51,26 50,61
Robledillo de Gata 131 95 -27,48% 57,04 59,67
Casares de las Hurdes 565 413 -26,90% 61,76 64,33
Santibáñez el Alto 458 341 -25,55% 54,89 56,83
Piedras Albas 211 161 -23,70% 50,93 51,11
Palomero 488 377 -22,75% 57,85 60,25
Villasbuenas de Gata 475 370 -22,11% 55,46 58,24
Membrío 870 678 -22,07% 53,97 55,95
Benquerencia 101 79 -21,78% 55,1 53,95
Orellana de la Sierra 310 243 -21,61% 55,73 57,67
Alcollarín 315 249 -20,95% 54,91 56,9
Robledollano 408 324 -20,59% 53,97 55,95
Malcocinado 477 379 -20,55% 52,98 54,32
Peñalsordo 1.287 1.024 -20,44% 54,94 57,4
Aldeacentenera 794 634 -20,15% 51,89 53,47

Con edades media de la mujer por encima de los 50 años de edad, ¿cuántas de estas localidades podrán recuperarse sin aplicar políticas efectivas de repoblación? ¿En cuántas de estas poblaciones pueden mantenerse una actividad social y económica que mantenga la escasa población joven existente sin inversiones concretas? Suponiendo, en un ataque de optimismo, que las personas que habitan estas localidades tendrán garantizados los servicios básicos en el futuro, ¿en cuántas de estas localidades puede garantizarse que la población tendrá acceso a servicios como la telefonía móvil 4G, conexiones a internet de alta velocidad o el transporte público?

Aunque las discordancias entre la provincia de Badajoz y la de Cáceres, serán analizadas de manera particular, si es preciso realizar una llamada de atención, sobre la evolución de la provincia cacereña. De los 20 pueblos que han perdido más del 20% de población en el periodo 2007 / 2016, 17 pertenecen a la provincia de Cáceres (5 de la Sierra de Gata, 4 de Villuercas - Ibores - Jara, 2 de Sierra de Montánchez y Tamuja, 1 de Las Hurdes, Sierra de San Pedro los Baldíos, Tajo - Salor - Almonte, Trasierra - Tierra de Granadilla y Vegas del Alagón), de los 117 pueblos que han perdido más del 10% de la población en ese mismo intervalo, 87 de ellos pertenecen a esta provincia. Esta tendencia está generando un envejecimiento muy acusado en ella, y abriendo una brecha con respecto a la de Badajoz que crece de manera sostenida, factor que puede acentuar la generación de desequilibrios entre ambos territorios:

EL EPÍLOGO DE LA MIRADA DE INNODE

Volveremos a tratar el tema de la despoblación porque son muchos los aspectos que se han dejado sin analizar. Historias que hablan de causas, soluciones, discordancias, territorios concretos... que, como se ha ido indicando a lo largo del texto, serán contadas en futuras entradas.

Al margen de este anuncio, y a modo de resumen de lo expuesto con anterioridad, esperamos que al menos sirva para constatar que tenemos un problema de extraordinaria gravedad, sobre el que no se está actuando con la diligencia necesaria, ya que, al no estar en el foco mediático, y al no ser percibido como un tema preocupante por una mayoría social, no se encuentra entre unas prioridades políticas que se nutren del cortoplacismo. Este no es un tema menor, porque tristemente, hoy todo se mide en rentabilidad contabilizada en número de votos, y a medida que el Medio Rural vaya adelgazando, y avanzando la masa urbana, será más difícil reclamar la atención (y la inversión) que la cuestión precisa.

Y esperamos que también sirva para enfocar la foto de Extremadura, y huir de la complacencia del "no se ha cerrado ningún pueblo". Porque los datos que se han aportado de pérdidas de población superiores al 40%, y otros que se han obviado como que por ejemplo, en Campillo de Deleitosa no exista ningún empadronado menor de 22 años y ninguna mujer menor de 34, nos indican que el modelo rural se está resquebrajando, y que vamos hacia la concentración en grandes núcleos, lo que a la larga pondrá en riesgo nuestro ya extremadamente débil tejido económico y los equilibrios sociales. Pero esta es otra historia que será contada en una futura entrada.

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